Las campañas políticas en Ecuador tienden a ser altamente genéricas. Los candidatos repiten constantemente las mismas promesas sin ofrecer una explicación detallada sobre cómo las llevarán a cabo. La población muestra una predisposición a aceptar estas ofertas, incluso si no se materializan, y luego termina conformándose con cualquier migaja que le den, lo que podría ser parte del problema de la crisis actual.
Lamentablemente, los líderes que tenemos reflejan, en cierta medida, a la sociedad. Es sencillo señalar con el dedo a un político corrupto cuando comete un acto deshonesto, de la misma manera que es fácil justificarse por pequeñas acciones indebidas, como evadir el pago del pasaje o saltarse la fila. Todo esto contribuye a un ambiente de corrupción; cada individuo lo perpetúa a su propio nivel, siempre con alguna excusa que respalde sus acciones en lugar de simplemente abstenerse.
En ocasiones, pienso ideas con las que experimento insatisfacción debido a la manera en que las llevo a cabo. Tiendo a repetirlas incontables veces en un intento por perfeccionarlas; sin embargo, este proceso solo resulta en fracaso y pérdida de tiempo.
Liberarme de esta obsesión resultó ser un gran desafío, al punto de que me vi obligado a abandonar la práctica del dibujo. Parecía como si estuviera atrapado en el pasado, incapaz de gestar algo nuevo. Me autoimpuse la condición de que, si reincidía, tendría que renunciar por completo... y, hasta el momento, esta estrategia ha dado resultados positivos.
Dejando de lado eso, con esta historia concluyo la historia de este personaje. Descansa en paz, Albóndigo Reymirez; nunca supe qué hacer contigo.



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